En la catedral de Durham se guarda una espada que se dice perteneció al caballero John Conyers, que se enfrentó con el dragón de Sockburn y que lo mató.
Esta espada que data del siglo XIII se utilizaba por el señor
del condado cada vez que debía recibir a un nuevo obispo. En
la empuñadura se pueden observar dos dragones con largas colas
que, al parecer se añadieron para recordar su gesta. Sin
embargo no se conseva la especial armadura que utilizó par
cortar a trozos al autoregenerativo
dragón.