Se cuenta que
un emperador japonés sufría desde mucho tiempo una larga
enfermedad y que, a causa del humor cambiante que ésta le
producía, había desterrado a uno de sus más valientes
samurais a una isla llamada Oki.
Al enterarse
la hija delsamuray, llamada Tokoyo, una bella y valerosa
muchacha, decidió ir en busca de su padre. Cuando llegó a la
cercanías de la isla ningún pescador la quiso acompañar, en
su barca, por el temor que tenían a un feroz dragón llamado
Yofune-Nushi
que vivía en las profundidades marinas cerca de los
acantilados. Pero ella robó una embarcación y remando llegó
hasta los acantilados, a los que ascendió y pasó allí la
noche.
Al día siguiente la despertaron unos lamentos y fue a averiguar su causa. Vió entonces que procedían de los padres de una muchacha que, le explicaron, estaba preparada con su mejor kimono para ser ofrecida al dragón marino, como exigía cada año. Entonces ella se vistió con el kimono de la muchacha y tomó su lugar. Y cuando el dragón apareció, lo mató.
Junto a la cueva donde vivía el dragón marino, encontró una estatua de madera con la imagen del emperador que había sido arrojada al mar para calmar al dragón tiempos atrás. Al sacarla del mar inmediatamente la enfermedad del emperador dejó de atormentarle y éste, al conocer la hazaña de Toyoko, perdonó a su padre que pudo volver del exilio junto con su valiente hija.