En el libro
del Éxodo se relata que, cuando estaban los israelitas
atravesando el desierto en busca de su tierra de
promisión, fueron atacados por unas serpientes
voladoras, o dragones, a los que se refieren en dicho pasaje
con el nombre de Saraf, que significa “ardientes".
Estos dragones mordían al pueblo y, de su picadura venenosa, moría mucha gente de Israel por lo que acudieron a Moises pidiéndole que intercediera en su favor ante su Dios. Así lo hizo y Yahvé le ordenó que fabricara, en bronce, una réplica de las serpientes y que las pusiera en un mástil, enroscadas en torno a él, y prometió que todo aquel que fuese mordido, por las serpientes, al mirar al mástil sanaría inmediatamente.
Así lo hizo Moises y consiguió de esta forma salvar a su pueblo.
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