— Buenos días
— Buenas tardes
— ¿Es aquí donde se pacta?
— Sí señor.
— Bueno. En realidad sólo pasaba por aquí....
— Pase, pase. ¡Es Vd. el primero esta vez!
— Qué bien.
— Quítese la ropa y póngase cómodo. Allí en el sofá.
— ¿Tan pronto? ¿No me va a hacer daño, verdad?
— ¡Hombre! No es mi intención.
— Es que es mi primera vez ¿sabe?
— Al principio suele doler un poco, pero luego.....¡Estaremos en la gloria!
— ¡Vaya!
— Mire. Vd., primero tiene que abrirse todo lo que pueda.
— Es que....
— La apertura y la confianza es la base de un buen pacto.
— Eso me han dicho otros que lo han hecho, pero....
— Sin miedo. Aquí tenemos experiencia en estos trances.
— Bien. Lo intentaré.
— A ver. No me oculte nada. Muéstreme lo que tiene para pactar.
— Bueno....
— Mientras tanto yo miro a ver cómo lo podemos encajar.
— Pero vayamos poco a poco ¡Eh!
— Dese la vuelta que, si no mira, puedo manejar mejor mis argumentos.
— Manéjelos con cuidado que yo tengo también los míos.
— ¡Vaya, si está Vd. lleno de líneas rojas! No sé cómo lo vamos a poder hacer.
— Ya me las quito. Es que me las pongo porque, mis convecinos, si no las llevo....
— Así es otra cosa. A ver, no se mueva tanto que no acierto a ver su posición.
— Es que mi posición está en una situación un tanto delicada.
— Pero si cambia tanto su posición, no podremos hacer nada.
— Oiga... Es que no estoy seguro ¿después de pactar que vamos a hacer?
— Lo que se hace siempre en estos casos.
— ¿Qué se hace?
— Salimos y explicamos a todos lo bien que lo hemos hecho.
— Y...
— Yo me presento como pretendiente y Vd. me aplaude hasta con las orejas.
— Pues, no es lo que imaginaba. ¿No lo podríamos hacer al revés?
— ¡Si claro! Pero aquí el que pacta soy yo. Vd. es el pactado.
— Entonces me voy a pactar a otro sitio.
— Recuerde que mis pactos son los mejores....
— Buenas tardes.
— Buenos días.